âMirĂĄ, te voy a contar algo que casi nadie aprecia cuando pasa por aquĂ âle dije mientras señalaba la fachada de la Catedral Metropolitana â. AllĂ arriba vive la famosa Chepona.

Cuando era patojo, mi abuelo me hablaba de esa campana como si fuera una persona. âTiene carĂĄcterâ, decĂa. Y no estaba equivocado. La Chepona no es cualquier campana; es un sĂmbolo de la ciudad, una voz antigua que ha sobrevivido a terremotos, silencios y celebraciones.
Dicen que fue hecha con metal de cañones. SĂ, de cañones. Imaginate eso: instrumentos de guerra transformados en algo que llama a la paz, a la oraciĂłn⊠o al recogimiento. A mĂ siempre me ha parecido una especie de redenciĂłn convertida en sonido.
La primera vez que la escuchĂ© de verdad, no fue en una fiesta. Fue en un funeral. Ese tono grave, profundo, como si la ciudad misma respirara lento. No era un simple âdin-donâ; era una despedida. Desde entonces entendĂ que la Chepona no solo suena⊠habla.
También suena en momentos especiales, pero no es de las que repican por cualquier cosa. Tiene su dignidad. Su historia estå ligada a la fundación de este lugar, en honor a San José. Por eso, cada vez que vibra, parece que conecta el presente con algo mucho mås antiguo, casi sagrado.
âÂżY por quĂ© le dicen la Chepona? âme preguntaste.
SonreĂ. Hay varias versiones, pero ninguna completamente segura. Como todo buen misterio chapĂn, se queda a medio contar⊠y eso la hace mĂĄs interesante.
Lo que sà te digo es esto: la próxima vez que la escuchés, no la tomés como ruido de fondo. Hacé una pausa. Escuchå bien. Porque en ese sonido hay historia, hay memoria⊠y, si ponés atención, hasta un poquito del alma de esta ciudad.
«La Chepona» es la campana principal de la Catedral Metropolitana de Ciudad de Guatemala, fundida en 1869 (o 1871) por el belga Julio Vassaux en la Casa de la Moneda. Con un peso de 5,000 libras y dedicada a San José, obtuvo su nombre popular por el apodo dado a los Josés («Chepe»). Es famosa por su gran tamaño y por marcar las horas principales.